La tercera edad puede estar asociada a una baja en la actividad, pero no tiene por qué ser así. Es cierto que hay una disminución de las tareas laborales por la jubilación, también aparecen las cuestiones psicosociales, y entonces la persona está más pasiva y deja de tener las rutinas que desarrollaba hasta este momento. Entonces, en algunos casos, esto puede hacer que el adulto mayor se aísle, y esto lleve a una depresión.
Para poder detectar esto es importante saber cuáles son sus síntomas. Lo primero que se ve es la tristeza y la apatía, entre otras características. Lo que ocurre es que esto empieza a repercutir en su vida y en su rutina familiar.
La voluntad se pierde cuando se está deprimido, y es lo que más cuesta recuperar, por eso es tan difícil trabajar el entusiasmo. Para poder estimularlo hay muchas acciones grupales, y estas se desarrollan tanto en instituciones privadas como estatales. Por ejemplo, hay grupos que van desde la lectura de un libro hasta la estimulación cognitiva de la memoria.
Cuando la actividad es grupal la gente se entusiasma más, es el plus que brinda la socialización con pares. Porque, otro aspecto a tener en cuenta, es que muchas veces, a edades avanzadas, los adultos mayores pierden a los amigos de su generación, con quienes compartían lo que les pasaba.
Como modos de generar entusiasmo, hay que intentar dedicarse a actividades que impliquen la socialización, porque el encuentro con pares es lo que más evita la depresión y es lo que más saca a la persona de ese estado, es la principal herramienta. Muchas veces, en los adultos mayores, la depresión está escondida, como en las quejas por los dolores corporales. También hay que entender a la persona en su contexto: si nunca le gustó nada, es difícil que de viejo le guste.
Generalmente, hasta al quejoso y al que nada le gusta, lo social puede gustarle. Si mi compañero hace algo, capaz me engancho aunque sea a verlo. No siempre es fácil entusiasmar a la persona, cuesta mucho romper con estructuras previas. Por eso la familia debe acompañar el proceso de adaptación, hasta que su familiar ya tome la actividad como parte de su rutina y se prepare para ir, sienta el disfrute desde la preparación. También hay que tener en cuenta que la gente mayor, cuando se compromete con algo, lo sigue y lo hace, lo difícil es el envión inicial. Es en esa primera parte donde más tiene que participar el familiar. Muchas veces los adultos mayores tienen miedo de ir solos, a ellos hay que darles tiempo y no insistir en exceso para no frustrarlos.